Las zonas para mascotas son cada vez más valoradas dentro de los proyectos residenciales. Sin embargo, su funcionamiento no depende únicamente de instalar algunos obstáculos y delimitar un área. Cuando no se planean desde las primeras etapas del proyecto, pueden generar problemas de drenaje, malos olores, deterioro de superficies, escapes, conflictos entre usuarios y mayores costos de mantenimiento.
Por esta razón, arquitectos, gerentes de proyectos y directores de obra deben entenderlas como zonas comunes especializadas, en las que deben integrarse criterios de ubicación, seguridad, capacidad, higiene, accesibilidad y operación.
¿Qué normas deben tenerse en cuenta?
En Colombia no existe una norma técnica única que determine cómo debe construirse un circuito para mascotas. No obstante, existen disposiciones relacionadas con la propiedad horizontal, la convivencia y la tenencia responsable.
La Ley 675 de 2001 establece criterios para la administración, conservación, seguridad y uso adecuado de los bienes comunes. Por lo tanto, la zona para mascotas debe diseñarse pensando tanto en su entrega como en su futura operación y mantenimiento.
La Ley 1801 de 2016, modificada por la Ley 2054 de 2020, señala que no puede prohibirse el tránsito ni la permanencia de mascotas en las zonas comunes de las propiedades horizontales. También establece el uso de traílla para los perros y medidas adicionales para los caninos de manejo especial.
En este sentido, una zona para mascotas debe considerarse un espacio complementario para el ejercicio y la socialización, no el único lugar autorizado para la permanencia de los animales.
La Sentencia T-199 de 2026 también reiteró que los reglamentos de propiedad horizontal no pueden establecer restricciones generales o desproporcionadas frente al tránsito de animales de compañía. Por su parte, el Decreto 380 de 2022 contempla disposiciones para caninos de manejo especial que pueden tenerse en cuenta al definir la señalización y las condiciones de uso. Con este contexto, revisemos los errores más frecuentes durante el diseño y la ejecución.
1. Utilizar el espacio que sobró en el proyecto
Uno de los errores más frecuentes es asignar a la zona para mascotas el espacio que quedó disponible después de definir edificios, parqueaderos y demás áreas comunes.
Esto puede llevar a ubicarla en terrenos irregulares, cerca de las viviendas o junto a espacios incompatibles. Su localización debe analizarse desde las primeras fases del diseño, considerando circulaciones, zonas infantiles, áreas de descanso, redes, ventilación, asoleamiento, drenaje y posible propagación de olores.
2. No estimar cuántas personas y mascotas utilizarán el espacio
Cada conjunto residencial tiene necesidades diferentes. El número de viviendas, la cantidad estimada de mascotas y los horarios de mayor uso influyen en el tamaño y la distribución del espacio.
También debe evaluarse si se requieren áreas separadas para perros pequeños y grandes, cuántos usuarios pueden permanecer simultáneamente y qué actividades se desarrollarán. Sin este análisis, la zona puede quedar subdimensionada o incluir elementos que no responden al perfil de la copropiedad.
3. Diseñar cerramientos y accesos inseguros
El cerramiento debe evaluarse por su altura, estabilidad, resistencia, separación entre elementos y distancia respecto al terreno. Un diseño inadecuado puede facilitar escapes o generar puntos de atrapamiento. Así mismo es recomendable implementar un acceso tipo esclusa, compuesto por dos puertas consecutivas.
4. Elegir la superficie solo por su apariencia
Los pisos de seguridad deben soportar tránsito constante, humedad, lavado y exposición al clima. Una elección basada únicamente en la apariencia puede generar barro, charcos, deslizamientos, deterioro o acumulación de olores.
Para especificarla correctamente deben revisarse la capacidad de drenaje, la tracción en seco y húmedo, la resistencia al desgaste, la facilidad de limpieza, la estabilidad de juntas y bordes y la comodidad para las patas de los animales. También debe coordinarse con la subbase, las pendientes y el sistema de evacuación de aguas. Incluso un material permeable puede fallar si se instala sobre un terreno que no permite la infiltración.
5. Instalar obstáculos sin organizar el recorrido
Rampas, túneles, saltos y plataformas deben distribuirse de acuerdo con una secuencia clara, dejando áreas suficientes para la aproximación, el descenso y la circulación.
Los elementos demasiado próximos o concentrados alrededor del acceso pueden generar cruces peligrosos. Además, cada obstáculo debe revisarse según su estabilidad, sistema de anclaje, altura, superficie de contacto, bordes y facilidad de mantenimiento. Es conveniente ofrecer recorridos alternativos, ya que no todos los perros tienen la misma edad, tamaño o condición física.
6. No planear la higiene ni el mantenimiento
La limpieza debe contemplarse desde el diseño. La zona necesita recipientes cerrados, dispensadores de bolsas, superficies lavables y drenajes accesibles para su inspección.
También deben considerarse las necesidades de los acompañantes mediante bancas, sombra, iluminación, circulaciones estables y señalización clara.
Finalmente, la entrega debe incluir fichas técnicas, garantías, procedimientos de limpieza y un plan periódico para revisar cerramientos, puertas, anclajes, superficies, drenajes, mobiliario y señalización.
7. Diseñar una zona para mascotas requiere una visión integral
Una zona para mascotas no es simplemente un conjunto de obstáculos dentro de un cerramiento. Es un sistema en el que deben funcionar correctamente la ubicación, los accesos, las superficies, el drenaje, el equipamiento y el mantenimiento.
En Distrito Dinámico diseñamos y ejecutamos soluciones integrales para ecosistemas recreo-deportivos en desarrollos urbanísticos y espacios públicos. Nuestro portafolio incluye circuitos para mascotas, superficies especializadas, mobiliario urbano y acompañamiento técnico durante las diferentes etapas del proyecto.
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